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Abriendo la Bóveda - La conversión a registros digitales progresa

Los miembros (de la Iglesia SUD y público en general) no tendrán que preguntarse más qué hay detrás de la puerta de 14 toneladas de los Registros en la Bóveda de la Montaña Granite [Granite Mountain Vault Records (GMRV)]. En alrededor de 10 años, gran parte de su colección genealógica podrían estar a su alcance.

Por Brittany Karford, Revistas de la Iglesia, Traducido por Analía Montalvo

Los billones de nombres en registros preservados en microfilm que se hallan en la bóveda se están convirtiendo en imágenes digitales que se podrán ver a través de FamilySearch.org y se podrá buscar datos por sus nombres en un índice. 

El proceso de pasar el microfilm a una forma digital se ha acelerado gracias a un sistema de tecnología de escanear llamado FamilySearch™ Scanning.“Yo lo llamo abrir la boveda”, dice Heath Nielson, el ingeniero principal de computación del programa.   “Espero ansioso el día en que estos documentos estén al acceso de todos”.  

Cuando llegue ese día, los documentos estarán a disposición de todos, para los Santos de los Últimos Días y para el público—“los hijos de Dios dondequiera”—de acuerdo con el equipo del proyecto.  Y para todos los que buscan su historia familiar, esto significará el fin de microfilmes, y el fin del cansancio de sus ojos por revisarlos en una luz baja.

La visión, dice Brent Thompson, director de la preservación de registros, es que en el futuro los miembros de Lima, Perú, que actualmente esperan entre seis y ocho semanas para recibir microfilmes, podrán ir a un centro de historia familiar o a cualquier lugar con acceso al Internet y podrán ver los documentos simplemente oprimiendo un botón.

Es un gigantesco paso para que la mayoría de la colección de historia familiar del GMRV esté al alcance por el Internet.  Las imágenes y los índices de partidas de nacimientos, matrimonios, y defunciones por el Internet que provienen de todas partes del mundo pueden cambiar totalmente la obra de historia familiar. 

Actualmente, son pocos los miembros que trabajan en la obra genealógica, pero el acceso que les proveería FamilySearch Scanning lo simplificaría para que participen todos los que tenga acceso al Internet. El Hermano Thompson cree que así será, aunque inicialmente él ni soñaba que se pudiera convertir la colección.  “No imaginé que fuera posible en mi generación”, él dice.  “Ni imaginé que fuera posible en la generación de mis hijos”.

De acuerdo con la velocidad en que iba la tecnología de obtener las imágenes de FamilySearch Scanning, se consideraba que llevaría 120 años convertir los microfilmes al formato digital. Esa proyección es ahora menos de 30 años, quizás menos con los escaneadores adicionales que se obtendrán.  El grupo que antes no se imaginaba ser parte del final del proyecto será el que algún día termine de digitalizarlo.

Así que, ¿cómo funciona?  El obrero de la bóveda pone rollos de microfilm a una serie de escaneadores y oprime un botón para comenzar el proceso.  El escaneador toma una imagen en video del rollo y transfiere ese archivo continuo a otra computadora que analiza la calidad del contraste y divide cada cuadro creando una imagen JPEG (una imagen digital) individual.  Para finalizar, alguien con buenos ojos revisa el trabajo y procesa las imágenes JPEG.  Estas son preparadas para el programa de índice para el Internet de la Iglesia, para el cual habrá voluntarios que ayudarán a extraer la información de nacimientos, matrimonios, y defunciones así creando índices por el Internet gratuitos (como los censos de 1880 de EE.UU., 1880 de Canadá, y el de 1881 de Inglaterra actualmente en FamilySearch.org).  

Esta es un gran mejora al proceso que se usó hasta hace un año, donde una persona tenía que estar presente a través de todo el proceso, manualmente revisando cada cuadro.  A través de los tres a cuatro pies de filmina, el técnico ajustaba la luz y el contraste de acuerdo con los cambios de densidad, viendo cada imagen y cortándola.  “Pensamos, ‘¿como podemos utilizar la tecnología de computadoras para salvar los ojos de esta pobre gente?’” explica Derek Dobson, gerente de productos.  “Y ¿cómo podemos convertir mas rápido estos microfilmes a imágenes digitales para que estén al alcance por el Internet?”  

Aquí es donde entran Heath Nielson y un equipo de ingenieros.  No solo aceleran el proceso con el sistema de computadoras que desarrollaron, sino que, al hacer cada cuadro parte de un archivo continuo, retienen los datos en contexto como parte de la información total.  “En la computadora, no es un dato a la vez.  Se puede ver un cuadro al lado del otro, y dice algo al respecto”, el Hno. Nielson dice.  También, con el proceso manual no se podía saber si se había omitido alguna imagen, que no puede suceder con el archivo continuo. Aunque la tecnología no sea totalmente novedosa, su habilidad de hacerlo y la de la Iglesia de ejecutar e implementarla de acuerdo a su diseño los hace pioneros en su campo. 

Aunque hacer que arranque el programa ha tenido sus obstáculos. “Es algo que siento con fervor”, dice el Hno. Nielson.  “Sabía que si debíamos hacerlo, se nos proveería la vía.”  Y fue así.  Durante los momentos difíciles y frustrantes, él dijo que encontrarían el mecanismo que necesitaban y recibirían la ayuda de personas especificas justo cuando la necesitaran—un paso a la vez.  En solo cuatro escaneadores, se ha triplicado el resultado—sin embargo, solo han terminado cuatro por ciento de los microfilmes en la bóveda que se planean incluir, y aun más están llegando. En este año, se espera adquirir unos 28,000, dice Wayne Crosby, gerente general de GMVR. 

Tienen mucho trabajo por delante. Lo bueno es que están entre dos y tres años de finalizar la transición de las cámaras de microfilm a cámaras digitales.  Cuando esta transición finalice, será necesario convertir al formato digital solamente la existente colección. Se continuará guardando los microfilmes y microfichas en la bóveda, aún después de su conversión digital.  “El filme de poliéster dura de 300 a 500 años y se continuará su uso para la preservación a largo plazo“, el Hno. Crosby explica, haciendo notar que digitalizar los registros los hace más accesibles para los que buscan su historia familiar, no es para que sea más fácil preservarlos. Así que no solo los microfilmes vuelven a los pasillos largos y fríos en las profundidades de Granite Mountain, sino también van los nuevos registros digitales.  

Ahí estarán en uno de seis cuartos de 190 pies (57.912 metros) de longitud.  Hay alrededor de un millón de rollos de filmes en cada bóveda, mantenidos a 55° F (12,8° C) constantes y a 30 por ciento de humedad, ideales para su preservación. Desde su entrada, las hileras e hileras de gabinetes monstruosos de archivos dan la impresión que uno ha caído al mundo de Alicia en el país de las maravillas y ha entrado a una oficina rara donde los gabinetes de archivos alcanzan hasta el cielo raso.  Pero la bóveda donde se guardan las imágenes digitales está mayormente vacía (un DVD puede contener hasta cuatro microfilmes digitalizados).  Unos cuantos gabinetes cortos contienen lo que se ha convertido hasta ahora, y el amplio espacio del cuarto susurra de un futuro cuando se llene. 

Cuando llegue ese día, la mayoría de los miembros podrán tener acceso a las imágenes digitales desde donde sea que puedan usar el Internet—desde sus hogares o el Centro de Historia Familiar cercano—por medio del sitio web de genealogía de la Iglesia, http://www.familysearch.org; y el personal de GMVR ya no tendrá que abrigarse tan seguido para entrar y sacar los microfilmes y microfichas. “Imagínense lo fácil que será”, dice Paul Nauta, gerente de relaciones públicas para el Departamento de Historia Familiar y de la Iglesia.  “En el futuro, las personas a través del mundo por medio del Internet podrán investigar los datos de la mayoría de la colección de filmes de GMRV y los billones de nombres actualmente escondidos en ellos—y todo eso desde la comodidad de sus hogares o centros de historia familiar.”  “Que bueno será si entre siestas y jugar con mis hijos, yo pueda entrar rápido al Internet e investigar mi historia familiar”, dice el Hno. Nielson. “Esta tecnología es la respuesta a nuestras esperanzas, nuestros sueños, y nuestras oraciones”, el Hno. Thompson agrega. 

El sonríe, mientras mira hacia afuera desde una de las ventanas de la oficina principal—en realidad, desde una abertura grande en semicírculo en la pared de granito desde donde se ve el declive del cañón.  Y saliendo del mundo de papeles y filmes que ha dado forma a su profesión, reflexiona sobre la montaña.   "Qué panorama", dice, "y qué gran fuente es para la Iglesia.  Fue inspirador construir este lugar en una pared sólida de granito".  

 




   





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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